Hoy no es un día para hacer balances de gestión, ni para diseñar los perfiles del mañana, ni para hablar del bello sueño que nos hemos forjado, y en torno al cual seguimos trabajando intensamente, para lograr alcanzar la meta de acreditar en alta calidad el programa de Derecho.

En ello no vamos a desfallecer y su proceso ya es irreversible porque existe una visión clara que ilumina el camino y, a través de ella, se encuentra la pasión emocional que la impulsa y a la que, en palabras de Steve Jobs, nos apegamos cuando cuestionan las ideas y la gente no nos hace caso, cuando nos rechazan “expertos” y conocidos nuestros. La pasión es el combustible que nos mantiene vivos cuando no hay nada que justifique el sueño. En carreras de larga distancia, uno atraviesa una barrera de dolor. Lo mismo sucede en proyectos de investigación y desarrollo, o al iniciar cualquier empresa. Hay siempre un momento terrible cuando el fracaso nos revienta en la cara. Y realmente si perseveramos un poco más, empezamos a superar todo eso. Por eso hay que perseverar, por eso hay que seguir trabajando duro hasta alcanzar el sueño de la alta calidad como máximo trofeo para esta querida institución, aún con todos los obstáculos encontrados en el camino.

Donald Trump dijo en alguna oportunidad que sin apasionamiento, uno no tiene energía, y sin energía, no tiene nada. Amar lo que uno hace es el combustible que uno necesita para seguir moviéndose, esforzándose, tratando de alcanzar la vida que imagina. La pasión no es algo de lo que uno habla, sino algo que uno siente, y que todos pueden ver en uno. Cuando uno se apasiona por su trabajo, es como si iluminara un cuarto, se le nota en sus ojos, en su lenguaje corporal, en sus inflexiones vocales. Tiene el poder de transformar su mundo y, como resultado, los mundos de la gente que usted toca.

Y hoy les confieso, esto último fue lo que percibí en la reunión de bienvenida que di en el transcurso de la presente semana a los docentes de tiempo completo. En ellos, como también lo he percibido en los demás docentes de nuestra Facultad de Derecho, he visto la alegría y la pasión reflejada en sus rostros, y la energía suficiente para remar hacia los más vastos horizontes del conocimiento. Y es con ellos, con quienes seguimos avanzando en el sendero de la alta calidad, en momentos en que, como expresa Bauman en su obra “La Sociedad Sitiada”, las condiciones cambian abruptamente y desafían toda predicción razonable, ya que no siguen una misma lógica o un patrón discernible. Eso da como resultado la experiencia de una temporalidad deshilvanada, que se tambalea de un episodio inesperado a otro, y pone en jaque la formación de la personalidad como un relato continuo. Hoy en día, sin embargo, a la gente le resulta cada vez más difícil creer en la premisa de que “volveremos a encontrarnos”. Los personajes que participan en el juego de la vida vienen y se van, y están destinados a desaparecer y a ser reemplazados muchas veces a medida que el juego avanza. El escenario en el que se desarrolla la acción cambia constantemente, a una velocidad que hace difícil o imposible percibir o retener lo percibido. Las tramas, los escenarios y los personajes cambian mucho antes de que los actores-jugadores hayan podido terminar de decir sus parlamentos.

Pero hoy, lo dije hace un momento, es un día para otras cosas. Es un día para el reencuentro, es un día para la alegría, es un día para darnos un abrazo fraternal. Es un día para resaltar la pasión, la honestidad, el trabajo honrado, la transparencia y la sabiduría de los docentes que en nuestra Facultad de Derecho merecen es este escenario, y ante todos ustedes, un reconocimiento especial. Con personas como ellos, todavía hay esperanza de lograr un futuro mejor mediante la formación de abogados íntegros que le digan ahora y siempre a las nuevas generaciones, que no todo vale, que la corrupción no es un ideal de vida, que los principios y valores no son líquidos y que el respeto a la vida y a la dignidad del ser humano están por encima de toda consideración.

Este sencillo, pero sentido homenaje, lo hacemos ahora para simbolizar la trascendencia de los hombres que cada día, paso a paso, construyen su existencia como si estuvieran moldeando una obra de Miguel Ángel o una sinfonía de Beethoven. Sus pinceladas y sus partituras, hechas con pasión y con amor, van forjando poco a poco, como un ejemplo vivificante, el camino de un mundo más justo y más humano. A ellos, especialmente, nos dirigimos para, desde nuestra Facultad, hacer el más fervoroso reconocimiento y para exaltarlos en las categorías de MAESTRO DE MAESTROS, MEJOR DOCENTE JOVEN y MEJOR DOCENTE AÑO 2.011.

A los galardonados les expresamos nuestro afecto y nuestro más sincero agradecimiento por todo lo que han hecho en pro de nuestra Universidad, y en especial, a quien hoy declaramos como MAESTRO DE MAESTROS, al Dr. Guillermo Duque Ruiz, quien ha sido siempre un ejemplo para las distintas generaciones de abogados que han tenido la enorme fortuna de ser sus discípulos, por su honestidad, su transparencia, su rigurosidad científica y sus valiosos aportes intelectuales reflejados no solo en el aula sino, además, en los muy honrosos cargos que con decoro y excelencia ha desempeñado como Juez, Magistrado de la Sala Penal del Tribunal Superior de Medellín y Magistrado de la Honorable Corte Suprema de Justicia. Más de treinta años al servicio de nuestra Universidad en su condición de docente, Director del Consultorio Jurídico, Consejero de Facultad y Decano de nuestra Facultad de Derecho, son razones más que suficientes para rendirle este cálido homenaje como Maestro de Maestros.

Sándor Márai, en “El último Encuentro”, uno de los más bellos textos que yo haya leído, nos recuerda con esa sabiduría infinita que poseen los grandes hombres, que “Uno siempre responde con su vida entera a las preguntas más importantes. No importa lo que diga, no importa con qué palabras y con qué argumentos trate de defenderse. Al final de todo, uno responde a todas las preguntas con los hechos de su vida. Al final, solo al final, uno responde con la vida entera. O en palabras de Norberto Bobbio, “al final eres lo que has pensado, amado, realizado”. Por ello, Dr. Guillermo Duque, desde esta querida institución a la que durante más de treinta años usted ha entregado lo mejor de su vida, debemos decirle que se sienta tranquilo y orgulloso de lo que ha sido y ha hecho a través de toda su vida, porque usted ha sido capaz de responder con su vida a las preguntas más trascendentales y ha dejado una huella indeleble de transparencia, de honestidad y de sabiduría, en la epidermis de varias generaciones. Y por todo ello siempre, siempre, lo llevaremos en nuestra memoria y en lo más profundo de nuestras almas.

A los docentes hoy homenajeados, nuestro máximo reconocimiento, nuestro agradecimiento perenne y nuestro abrazo fraternal, en nombre de las Directivas, de los profesores, de los estudiantes, de los egresados y de todo el personal administrativo de la Universidad. A ellos, y a todos ustedes, les rememoro algo muy bello que debería quedar impregnado con tinta indeleble en las paredes de nuestra Universidad, a propósito de este lindo reconocimiento que ahora hacemos a nuestros docentes. Me refiero a una declaración impulsada en el año 2010 por nuestro Rector, Dr. José Rodrigo Flórez Ruiz, para ser firmada por un grupo de fundadores de UNAULA. Allí se decía: “La Universidad Autónoma Latinoamericana antes que nada tuvo espíritu y no materia, antes que nada tuvo profesores y profesoras y no sueldos, antes que nada tuvo discursos de distintos matices y no aprobación oficial. Se trató de la primacía del humanismo sobre los fríos cálculos financieros”. Y a esto le apostamos hoy con este bello acto: a la primacía del humanismo por encima de cualquiera otra consideración. En otras palabras, le apostamos a valorar en toda su dimensión el activo más importante de esta Universidad, es decir, ustedes y quienes directa o indirectamente han coadyuvado al engrandecimiento de nuestra querida institución.

Muchas gracias.
Fernando Salazar Mejía
Decano
Facultad de Derecho